Si te gusta Porsche, te encantará RUF
Todos conocemos la marca de Stuttgart, Porsche, nos maravillamos con sus creaciones y nos asombramos con sus victorias en el mundo del motor. Pero cualquiera que haya jugado al Gran Turismo o al Forza recordará que en lugar de Porsche había una marca rara, una tal RUF, a simple vista parecían igual que los 911 de calle, pero encerraban un gran secreto, en este artículo de Cuarta Marcha, descubre la historia del preparador de Porsche más legendario de Alemania, RUF.

Los inicios, Auto RUF
En 1939 Auto Ruf fue fundada por Alois Ruf en Pfaffenhausen, un pequeño pueblo alemán. Principalmente se dedicaba a reparar coches deportivos de la época. Alois rápidamente se transformó en uno de los mayores expertos de la zona y esto llevó a que se hiciese conocido entre el mundillo, pero aun así era complicado mantener su taller abierto durante la guerra. Una vez terminada esta, se vio sumido en un panorama que no pintaba nada bien, en la Alemania de la post guerra los coches de recreación no tenían publico, así que Alois estuvo obligado a buscar alternativas para mantener a su familia.
En 1949 abrió una gasolinera en su taller, y no siendo suficiente, decidió empezar a construir autobuses personalizados para proporcionar la mayor comodidad posible a los pasajeros, aunque sea algo normal hoy en día en esos años y sobre todo en la postguerra era algo completamente nuevo.

¿Un golpe de suerte?
Alrededor de 1950, nuestro amigo Alois conducía uno de sus buses por la Autobahn de camino a entregarlo a su nuevo dueño. La tranquilidad de la carretera fue interrumpida por el estruendo de un motor, al ver por el retrovisor Alois distinguió una silueta que se aproximaba a toda velocidad, apartó el bus a la derecha para que le adelantase sin problemas, pero el conductor perdió el control estando paralelo con el bus y se estrelló contra la mediana. Alois sintiéndose culpable retiró el bus al arcén y ayudó al otro conductor a salir de su coche.
Como favor, se ofreció a guardar el coche en su garaje hasta que se solucionase el papeleo con el seguro y el conductor del coche estuviese bien. Unos meses pasaron y el seguro dio el coche como siniestro. Alois, pensando en el potencial que tenia, se ofreció a comprarlo con la idea de restaurarlo a su gusto, el coche en cuestión era uno de los «nuevos» 356 de Porsche.

Piel de Porsche, corazón de bestia
La nueva creación de Porsche, el 356 era algo revolucionario para la época, utilizando la base del vehículo más común en ese entonces, el Volkswagen Escarabajo, produjo un deportivo ligero, ágil y divertido que atraía a un publico en busca de emoción al volante.
Pero no todo era perfecto con el 356, la sencillez y agilidad venía acompañada con una falta de potencia incluso para la época, la versión mas potente contaba con unos «míseros» 70 CV provenientes de un cuatro cilindros boxer refrigerado por aire evolucionado del motor que montaba el escarabajo, esto se quedo corto enseguida para Alois, que después de modificar extensamente el motor logró conseguir 170 CV, todo una proeza que demuestra la ingenuidad del Alemán.
Además de las mejoras en la mecánica, restauró por completo cada panel de la carrocería, el interior y suspensión. El producto final, al que llamó R56.11 es un coche que aunque parecía un Porsche 356 a simple vista, no podía ser más distinto. Una verdadera bestia escondida bajo una apariencia «normal», se podría decir que este es uno de los primeros sleepers de la historia.

El comienzo de algo legendario
Durante los 60s, RUF se dedicó a preparar Porsches 356 de clientes que buscaban algo más de emoción al volante, utilizando el coche personal de Alois como base para probar las nuevas piezas e ideas para implementar en el negocio.
Un día iban Alois y su hijo en coches preparados por ellos por la Autobahn, acostumbrados a ser siempre los mas rápidos en el asfalto, se quedaron completamente anonadados cuando de la nada un coche les adelantó como si estuviesen parados. Se trataba del último prototipo de Porsche, el 901, lo que más tarde se transformaría en el 911 que todos conocemos. A medida que sus clientes habituales empezaron a traer las nuevas creaciones de Porsche para su servicio padre e hijo quedaron fascinados con la plataforma y se dieron cuenta que sería el punto de partida perfecto para desarrollar el arma definitiva para las Autobahn y el circuito.
Padre e hijo estaban muy unidos, asistían a las carreras regionales donde veían la última tecnología de los equipos de competición y estudiaban formas de integrarla en los coches de sus clientes. La muerte de Alois padre en 1974 fue un gran golpe para Junior, pero no dejó que esto le frenase, tomó las riendas del negocio familiar y reconstruyó desde cero su 911 personal. Durante los siguientes 4 años se dedicó a fabricar el coche de sus sueños, de la misma forma que hizo su padre con el 356 de su infancia. El resultado fue una obra maestra que dio a conocer a la pequeña marca alemana lo largo y ancho del mundo, el RUF SCR.
Utilizando como base el un 911 SC 3.0 atmosférico consiguió crear un coche capaz de igualar el mismo nivel de rendimiento que el mucho mas potente 930 Turbo (911 Turbo) . Debido a las restricciones de los 70s el SC de serie tenia unos escasos 180 CV, RUF aumentó la cilindrada a 3.2 L , actualizó la inyección y añadió un sistema de cárter seco entre otras mejoras. Así se logró exprimir 214CV en un coche que pesaba alrededor de 1100 Kg, añadieron un diferencial autoblocante y quitaron todo lo que no fuese esencial para la conducción, creando un juguete capaz de satisfacer las necesidades de cualquier amante de la conducción.

La casi muerte del 911
La crisis del petróleo de los 70 afectó a todos los fabricantes a nivel mundial en mayor o menor medida, en el caso de Porsche se plantearon seriamente dejar de producir el 911 a favor del 928, con motor delantero tenían espacio para meter algo con más cilindrada capaz de dar más potencia con las restricciones de la época. Fue el entusiasmo que demostraba RUF y la gran afición que había creado lo que animó a la marca de Stuttgart a continuar con la fabricación del mítico deportivo, incluso cediendo a RUF varios chasis «en blanco» que no tenían número de serie para que tuviesen un lienzo con el que construir desde cero.
La primera creación 100% de manos del preparador fue el BTR de 1983, o Grupo B Turbo RUF, con ese nombre ya nos podemos hacer a la idea de la clase de monstruo que era. Basado en el 930, utilizaron piezas del coche de fábrica, las mejoraron componente por componente e hicieron una verdadera bestia de 369 CV capaz alcanzar los 100 Km/H en 4,3 s y ganar a cualquier coche de la época.

Yellow Bird
Hasta ahora RUF siempre se ha caracterizado por ser los coches más rápidos de calle, sin dejar de ser prácticos y fiables, un daily capaz de superar a cualquier otro deportivo del mercado. Esto cambió en los 80 con la llegada de los superdeportivos como el 959, el F40 o el Countach. RUF, sin querer quedarse atrás se puso manos a la obra para crear la máquina mas radical hasta el momento, algo capaz de arrancarle las pegatinas a cualquier otro que se atreva a retarle. El resultado de este trabajo fue el CTR o Grupo C Turbo RUF, la creación más radical de la marca hasta la fecha.
Con un motor de 3.2 L turbo era capaz de alcanzar los 463 CV, 0 a 100 en menos de 4 segundos y una velocidad máxima de 340 KMH, destrozando por completo al resto de la competencia de la época. La carrocería fue retocada y sellada por secciones para mejorar la aerodinámica, una transmisión de 5 velocidades especialmente diseñada y fabricada por RUF, una inyección proveniente directamente del mundo de las carreras y una jaula antivuelco integrada son algunas de las modificaciones que implemento RUF para hacer del CTR la máquina mas radical de los 80.
La revista Road and Track lo puso a prueba contra todos sus competidores en el Óvalo de Desarrollo de Ehra-Lessien donde demostró ser ampliamente superior en prestaciones a la competencia, fue en esta ocasión donde los periodistas le dieron el nombre de Yellow Bird, haciendo uno de los coches mas icónicos de la época. En 1989 se produjo un corto que terminaría de elevar el CTR al estado de legendario, titulado Fazination on the Nürburgring, podemos ver al piloto profesional Stefan Roser al volante de Yellow Bird, aprovechando cada caballo y cada milímetro de asfalto disponible, una verdadera obra de arte y un corto muy recomendado con el que vamos a terminar nuestro artículo de hoy.
