Terminaba el confinamiento, que momentos tan atroces para todos. Parece que se nos ha olvidado aquello. Recuerdo que cuando lo levantaron, puse una canción de Wilson Pickett » Land of 1000 Dances». Esta misma canción, es la que recuerdo antes de meterme en una zona de abrumadora belleza, con curvas, mareante, derecha, izquierda, curva abierta, cerrada, lloviendo, miras al abismo, al precipicio. Justo cuando nos libraron del confinamiento, empecé a preparar la visita con mi humilde Seat 127 a los dos pasos más elevados de los Alpes. Os presento como fue, el camino al Stelvio en Seat 127.
De Madrid al Paso del Stelvio en un SEAT 127: presentación (1)
Estábamos conversando acerca de las carreras de raids amateur. Nos empezamos a calentar, empezamos a soñar proyectos y de repente, sale la idea: vayamos al Paso del Stelvio en un clásico. Al principio, los más allegados miraban la azaña como una locura, ahora quisieran venir si pudieran. Aquí empieza todo, ya tiene fecha, está a la vuelta de la esquina. Ya estoy en marcha, preparando esta gran aventura y en la que espero, os guste leer. Intentaré acercarte este viaje, como si estuvieras dentro del 127.

¿Qué es el Paso del Stelvio?
Hay varias cosas que un “cabeza de gasolina” tiene que hacer, al menos, una vez en la vida. Dar una vuelta en Nurburgring, ir a Le Mans, ver el museo de tu marca favorita,conducir un clásico e ir y conducir por el Paso del Stelvio, una de las carreteras más famosas y bellas del mundo para moteros y conductores. También para ciclistas, porque por ahí pasaba el Giro de Italia. El Paso del Stelvio o Stilfser Joch está en Italia y es uno de los pasos por carretera más alto de los Alpes, en este caso de los Alpes occidentales, por el más alto, el Col de lśeran también pasaremos, en los Alpes franceses. Hablamos de un recorrido de unos 5000 kilómetros ida y vuelta. Además, como ya os he avanzado por el título, lo haré en un coche clásico, en un Seat 127 segunda serie. Como ya sabéis, del nombre de este paso mítico viene el suv de Alfa Romeo y el modelo de una Moto Guzzi
¿ Por qué un Seat 127 ?
Tenía opción de realizar esta aventura en un coche más antiguo o más moderno. Pero creo que el Seat 127 es el clásico con el equilibrio perfecto para que esta aventura, que os contaré aquí en Diariomotor, sea una aventura de verdad sin que sufra (que costará lo suyo) un verdadero infierno. Si eligiera un modelo más moderno o potente, la gesta podría parecerse más a la que pudieras realizar con un coche más moderno. El Seat 127 es un modelo CL 4 puertas, con motor 903, mecánica que conozco bien para reparar, si sufriese averías sobre la marcha. Sube puertos con relativa soltura, está bien refrigerado, tiene espacio suficiente, tiene récord de superficie habitable, y sin ser tan popular como el Seat 600, por ejemplo, es un coche también muy querido y popular en España y otros países.

Os recuerdo que el Seat 127, se presentó en 1971, gama media-baja. La segunda serie que llevo es de 1977, con reposacabezas, alternador en vez de dinamo y un motor de 45 cv con cuatro marchas. Si me aficionara a esto de contaros aventuras en Seat 127, quizá le pondría el motor de 1010 y un cambio de 5 marchas, la cuarta se queda escasa y pide en muchos momentos, una marcha más. Este Seat 127 destaca además de su robustez, de tener muy buenas cifras de gasto de gasolina,algo importante, porque aunque hayamos encontrado algunos patrocinadores, el viaje se ha realizado para que sea lo más económico posible. Aunque, para el recorrido, se ha primado la belleza de los parajes a la rapidez de llegada a destino.
Algunos datos de interés de esta aventura:
- 5000 kilómetros en 6 días, por España, Francia e Italia.
- Viajaremos sin navegador, hemos trazado el recorrido en un mapa y será nuestro guía.
- El viaje se hará como los de antes, trazando un plan de ruta para evitar horas de calor en algunos puntos, paradas estratégicas, lo primordial es cuidar la mecánica y el conductor.
- Además de mi Seat 127, me acompañarán en esta aventura mi amigo Jose y su hija Sandra, de 11 años, que irán en un Renault 5. Puede que en Francia, sea más popular él, pero yo me llevaré al público de calle en España e Italia. Lleva el número 23, en conmemoración a un amigo suyo que falleció haciendo Enduro y llevaba ese número en la moto.
Preparando los coches
Esta aventura era de otro calibre y previsiblemente, los neumáticos sobre todo los que traccionan, cogerán mucha temperatura porque en algunas etapas haremos muchos kilómetros, con grandes desniveles y por carreteras donde quizá no se había inventado la línea recta.

Se han cambiado los neumaticos delanteros, los dos que se han quitado han servido para dos ruedas de repuesto que llevaré, además también llevo un kit antipinchazos, que no sea por un pinchazo que nos tengamos que dar la vuelta.
En el motor, se han cambiado las bujías, los platinos estaban un poco gastados junto al condensador, que por explicartelo por encima es el encargado de acumular la energia de los platinos, que abren y cierran mediante una especie de leva para que envien corriente a la bobina de encendido. Están encerrados en el delco, esa parte es muy importante para que el coche funcione bien. Los platinos y el condensador son partes muy económicas que merece la pena cambiar cuando se ven algo gastados. Se ha cambiado el aceite y el filtro de aceite, se cambió hace algo más de un año, pero mejor ir con sangre renovada. También se sustituyó el filtro de aire.

Dónde más hicimos hincapié fue en el tren trasero, notaba que algo no iba bien. Efectivamente, los dos amortiguadores fueron sustituidos, estaban prácticamente reventados. También se aprovechó para cambiar los silentblock de los trapecios traseros, que estaban muy gastados. Es una goma que cuesta cuatro pesetas pero tiene más valor de lo que indica su precio. Una vez en el elevador, se cambió el taco del escape que estaba estropeado y si bien, lo único que hubiera pasado es que llegará al Stelvio a escape libre, siempre está bien asegurar. Pero además el colector estaba rajado y lo cambiamos, lo compré de segunda mano por 25 euros en bastante buen estado. La palanca de cambios tenía un poco de holgura, así que se sustituyeron los casquillos.

Lo más importante fue la limpieza del radiador y sustitución de refrigerante, es un coche que refrigera muy bien pero no viene de más. Iremos por zonas de calor durante mucho tiempo y estos motores, por sus materiales de construcción guardan mucho la temperatura. Junto a todo lo anterior se regularon los taqués con una galga, esto consiste en ajustar la holgura en el sistema que acciona las válvulas, lo suyo es dejar la distancia que dice el fabricante.
Habitualmente si hay más distancia de la que debería haber, lo vas a notar por el sonido característico que hacen cuando no están bien regulados. Es, algo así como un taconeo junto al sonido del motor. Se llevan a cabo entre la válvula y patín del balancín. En principio también íbamos a aprovechar para hacer un reglaje de válvulas, pero al final lo declinamos porque estaban bastante bien. Si has regulado alguna vez los taqués, sabrás que tienes que tener cuidado y diferenciar entre la válvula de escape y la de admisión.

En el Renault 5, se cambió la bomba de agua, se limpió todo el circuito de refrigeración, también se limpió el radiador. Se ha cambiado la válvula del electroventilador para que empiece a funcionar algo antes, lo cierto es que empezaba a funcionar pasado la línea de la mitad de la aguja. También algunos fuelles, así como aceite y filtro. En el Renault 5 se han cambiado las 4 ruedas y se han revisado los frenos.
Últimos retoques antes de salir
Nada más terminar la mecánica me dirigí a la empresa de mi amigo Raúl, un maestro del vinilo, en la Calle Pico de Almenara 9 está su empresa: Rotulación integral. Y eso hicimos con el Seat 127, lo rotulamos integralmente.
Me senté con Raúl, teníamos claro que la decoración se pareciera a la mítica de una marca de bebidas italiana en un Lancia Integrale, aunque también ha estado en Porsche y otros carrazos. ¿Nos dará caballos de vapor extra? Seguro que nunca se ha puesto en un Seat 127. Raúl cogía el metro, usaba el ordenador, diseñaba como quedaría la decoración, a Raúl se le veía nervioso, tenía poco tiempo que habría que compaginar con su ya escaso tiempo libre por el trabajo. Yo intentaba dar apoyo moral, porque otra cosa no podía hacer.
Lo primero fue vinilarle en blanco mate, pidió un vinilo especial para coche que según me comentaba, tiene memoria y como unas micro líneas en el interior para ayudar a quitar el aire del vinilo, veía trabajar a Raúl y alucinaba. Con su paleta, como si estuviera cincelando el diseño del Seat 127, quedaba el vinilo como si hubieran pasado una brocha de una forma perfecta. Los resultados, creo que son realmente bonitos. Es la primera vez que vinilo un coche y tiene, sobre todo, un por qué muy lógico; el de cambiarle de aspecto mientras conservas la pintura original. ¿Te gusta el resultado? Aquí puedes ponerte en contacto con Raúl.

Después de vinilarlo, fuimos a probar los coches para verificar que todo está correcto. Estábamos en Humanes, asi que fuimos a la Casa de Campo y un paseo por el centro: Palacio Real, Mercado de San Miguel.. Perfectos los dos de temperatura. Las horas antes de salida, ajustaré un par de cosas y listo. A priori tanto el Seat 127, como el Renault 5 de mi amigo José, están en buena forma para los 5000 kilómetros que nos esperan por subidas y bajadas, Pirineos, los Alpes, Lago Como, Paso del Stelvio…el viaje, que os contaré aquí, será alucinante.
Una de las cosas que más ilusión me hace, es que el Club italiano del Fiat 127 ha organizado una salida con algunos socios del Club para dar con nosotros una vuelta cuando estemos cerca de Turín, te recuerdo además, que este año se cumplen 50 años del lanzamiento del mítico Fiat 127, así que cuando vayamos con nuestra versión española por carreteras transalpinas con la decoración que lleva, seguro que no pasa inadvertido. Tengo algún coche clásico cerca de Carabanchel, siempre que cojo uno me lo intentan cambiar o comprar, una vez “por una furgoneta llena de malacatones”. ¿Pasará en Italia?

Últimos retoques y qué llevamos…
Bien, además de una bolsa pequeña con ropa y artículos de aseo, llevo también un camping gas con unas latas. A ver…posiblemente vuelvan a Madrid intactas, pero en la comida y la bebida me gusta ser previsor. Si tenemos que arreglar una avería en un camino de cabras, nos vendrá bien. Llevo también dos ruedas de repuesto, un kit antipinchazos, un botiquín de primeros auxilios, una moneda de San Cristóbal, un pequeño extintor; no sea que en alguna subida se rompa un manguito de gasolina y tengamos una barbacoa.
Del coche, me falta comprobar presión de neumáticos. aceite, que no tenga pérdidas de refrigerante y sobre todo dejar todo lo que hará falta llevar sin que se olvide nada.

De recambio, llevo dos correas, dos bombas de gasolina, cable, cable de bujía, una tapa de delco, bujías y un condensador, manguitos de agua y gasolina, un regulador además de un poco de aceite, una garrafa de gasolina, una bomba de aire manual, una linterna, unos guantes, liquido de frenos y refrigerante y un bote de pimetón, que es maravilloso para cocinar y para tapar fugas del radiador.
Además de algunas herramientas, también llevaré un mapa con el recorrido, unos apuntes y una Tablet junto con una cámara de fotos. Mañana viernes 16 saldremos de la Cafetería Fuentidueña, en la calle Fuentidueña 35 en pleno casco histórico de Vallecas. Entre las 10 y las 11 almorzaremos y saldremos rumbo al límite con la frontera con Francia para hacer noche y entrar en los Pirineos al día siguiente.

Primeras etapas, de lo más fácil a lo difícil.
La salida
Salimos desde la Cafetería Fuentidueña, en Vallecas (Madrid), podríamos llamarla etapa prólogo, aunque fueron casi 900 km. Antes de salir, estuvimos en una entrevista previa, a través de Skype (Cupra drift) en Telemadrid, mientras esperaba una caja de fusibles que me había dejado en el garaje. Desayunamos con la gente que nos vino a ver, sobre todo amigos que nos quisieron despedir. Sobre las 11:30, después de un café y un montadito de lomo arrancamos. El recorrido fue bastante soso, sabedores de que el rock and roll vendría al día siguiente. Sin embargo, empezó la aventura de verdad gracias en parte a un fallo mío. Llegamos a la zona del Valle de Arán y empezó a cambiar el recorrido, mucho más bonito y con carreteras interesantes.

Con coche clásico y más si es uno como los que llevábamos, siempre tienes que ponerle a tu previsión de llegada una hora más. Llegaríamos al hotel un poco antes de las 12 así que llamé a las 10:30 para comunicarles que nos retrasábamos y si podríamos cenar algo. Pero…” ¿Oscar García?, me dicen en el hotel, tenemos la reserva, pero para mañana. Hoy no hay ninguna reserva y estamos completos. Reservé mal, ya el viernes que salimos, tenía la sensación de sábado, me disculpé y nos pusimos a solucionarlo. Casi en la frontera, con 4000 km aun por hacer, estábamos el primer día sin hotel. Lo primero echamos gasolina justo cuando estaban cerrando, una señora maravillosa, que tenía las llaves en la mano para cerrar, nos vió y sabedora que por allí no hay muchos sitios para repostar, cerró mas tarde, al menos 20 minutos más (luego vinieron unas motos…y claro). Nos comentó un pueblo a 5 minutos donde podríamos cenar, fuimos hacia allí y de camino encontramos un hotel, reservamos habitación y nos dijeron que la cocina estaba cerrada, fuimos al pueblecito, serian las 11:30 y no conseguimos ni un bocadillo en dos lugares en los que había bastante gente. Total, volvimos al hotel y que sorpresa, hay una pareja cenando. Es inexplicable y tampoco me centraré mucho en ello, al final por supuesto cenamos.
En la mesa estuvimos planeando la etapa del día siguiente, una de las más duras. José y Sandra se vinieron un poco abajo cuando les expliqué el plan, hasta ese momento ellos tenían la sensación de estar de vacaciones, pero lejos de la realidad, teníamos que cumplir unos objetivos y como siempre le he dicho a José, esta aventura no era fácil, será dura. Cuanto de dura ya veremos…pero no eran unas vacaciones, no sería cómodo, habrá cosas que no estaban planeadas.

A partir de ese momento asumimos que el reto, que la aventura del Stelvio, no eran unas vacaciones y que, en varios momentos, nos sacarían de nuestra zona de confort. Dormimos lo que pudimos. Es gracioso el destino, porque el segundo hotel en el que dormiríamos, después de la sugerencia de volver a casa de Jose se llamaba Quo Vadis, mas allá de escapar de la furia de la aventura, retomamos el sendero hacia nuestro destino y deber, que no es otro que hacer y cumplir lo que habíamos prometido.
Etapa1 La Aventura del Stelvio en Seat 127 – YouTube
Los coches en esta primera etapa sin problemas, aunque ajusté un poco las zapatas delanteras, eran nuevas y sonaban al rodar. A la mañana siguiente, inspección ocular, revisar aceite y refrigerante. Tan solo sufrimos un problema sin importancia. El coche de José y Sandra, el Renault 5 no arracanba en una de las paradas, el motivo que se había aflojado el cortacorrientes. Todo ok, seguimos.
Dia 2 sábado, Objetivo llegar lo más cerca de Turín.
El Domingo habíamos quedado con algunos componentes del Club Fiat 127 Italia, que además habían organizado una pequeña concentración. Corregí lo de los hoteles y cambié el objetivo, partes del trayecto también, los Alpes franceses, por la subida del Col d LIseran los haríamos a la vuelta, aun así, sería difícil la gesta. A las 9:30 del Domingo, teníamos que estar cerca de Milán con nuestros amigos. Habíamos reservado hotel a unas dos horas y media de Nerviano, que es donde habíamos quedado. Os recuerdo que en esta aventura no cogimos peajes ni autopistas.
Tras salir del hotel, entramos a los 20 minutos en Francia, empezamos atravesando esos pueblecitos que sabes si son de un país u otro por los letreros de sus comercios. A las 6:30 estábamos en marcha, el objetivo llegar al hotel que habíamos reservado a una hora prudente. Aquel hotel de None, se llamaba Quo Vadis, llegaríamos a las 23:50.

El recorrido muy bonito, pero se volvió aventura cuando empezamos parte de la ruta de Napoleón. Justo cuando anocheció nos tocó la parte más complicada del recorrido, al llegar a Forteresse Vauban de Briançon me acordé de no haber puesto en el Seat 127 unos buenos faros de largo alcance. Estuve a punto, pero no encontré los apropiados. Bien, no se veía mucho, las curvas eran muy cerradas, me lo estaba pasando genial pero ya llevábamos mucho tute conduciendo y un fallo podría ser fatal. Prácticamente estuvimos trazando curvas cerradas y subiendo y bajando puertos durante 3 horas. Llegamos a la frontera con Italia por la noche, cuando parecía que el recorrido se suavizaba, volvía a escarparse con la complicación de seguir a los conductores italianos. Como no veía mucho, hice un poco de trampas, puse el navegador para que me sirviera de copiloto en esa parte del recorrido y si veía alguien, si no era muy lento, lo seguía. Detrás de alguien es más fácil ir a ritmo.
Si habéis conducido por Italia, sabréis de las maravillosas dotes del italian@. Se encomiendan a San Cristóbal en cada adelantamiento, se encomiendan a la ruleta rusa en los cambios de rasante y habitualmente conducen rápido, con lo que seguirles para ir viendo el camino sería mas complicado. Hubo un Subaru que me adelantó y pude seguirle unos cuantos kilómetros, pero, creo que se picó de que mi 127 fuera tan cerca y apretó el rito, perdiéndome y dejándome solo junto a José que iba alumbrando también con sus faros de largo alcance el camino. Por fortuna nos pusimos detrás de un BMW e 36, a un ritmo cómodo salimos de aquel festival de curvas, subidas y bajadas por la noche.

Creo que por Cesara Torinese me llama a eso de las 11 un numero italiano, el hotel. Con una voz de señora mayor me pregunta a la hora que llegaríamos. ¡Le dije que tardaríamos una hora o así, se quedó callada… 1 hora! Al llegar al hotel a las 11:50 la señora, que era encantadora, pero a simple vista tenía unos 120 años, se había dormido. Tocábamos al timbre del parking cerrado y nada…Por fortuna, saqué fuerzas y me puse a cantar el » O sole mio » a todo pulmón, ella salió por el balcón y nos abrió la puerta automática. Habíamos cumplido, no fue fácil, fue cansado. La zona del puerto, por la noche, me hubiera gustado pasarla de día. Los coches se comportaron como titanes. Previsores, habíamos comprado para hacer unos bocadillos en Francia, eso nos sirvió de cena.
Concentración Italiana, el Lago Como y llegamos a Bormio.
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Suena el despertador, bajamos a tomar café, hoy si hemos descansado mejor. El Quo Vadis es un hotel de carretera cómodo, de paso, a buen precio. Esta etapa será más lúdica que las anteriores, habíamos quedado en Nerviano con el club Fiat 127 Italia, que había organizado una concentración con otros coches clásicos.
Nos ponemos en marcha, metemos las maletas en los coches y vuelvo a inspeccionar ocularmente el coche. Correa bien, aceite bien, refrigerante bien. En bajas vueltas no iba del todo correcto, pero como subiríamos al día siguiente el Stelvio, tenía tiempo para ajustar el carburador. Para llegar a las 9:30 a Nerviano, fuimos un poco rápido en algunos tramos. Acercándonos a Turín unos vespistas charlaron con nosotros en un semáforo. Mola cuando se sorprenden de dónde venimos con estos coches.
La concentración de Nerviano.
Nada más llegar nos recibe Andrea, con felicidad, un tipo tan majo que te da vergüenza no poder ofrecerle lo mejor de ti. No jugamos en casa, llevamos ya unos cuantos kilómetros. Nada más llegar, Andrea nos dice de poner nuestros coches clásicos en el centro. Nos regala unas pegatinas de su club, una del Club Fiat 127 y otra del Club Nerviano de clásicos. Además de una taza con un 127 y un parasol, ¿un parasol?, no veáis como picaba el sol por allí.
Aventura al Stelvio en 127 – YouTube
Estuve hablando con el dueño del Fiat 500 Abarth, lo tenía flamante, en realidad todos estaban en muy buen estado. Le comenté que a la mañana siguiente subiríamos el Stelvio, Marco, ¿Tu has subido el Stelvio? ¿Stelvio? ¡Ah! La Strada… no no. El Paso del Stelvio de Nerviano está, por el camino corto, a menos de 360 km. Por un momento pensé que el paso que separaba Italia de Suiza era más un nombre, un mito, que una subida extraordinaria. Por eso, cuando camino al Stelvio me pregunta José si estaba nervioso, le comento que lo único que pienso es en que si me decepcionará o no.
Bien, el Stelvio no decepciona. Por el Stelvio pasan ciclistas (es etapa del Giro), muchas motos y muchos coches buscando el frenesí de la carretera. El tema es que muchos de aquellos italianos tenían coches clásicos/exposición. El mundo del clásico se diferencia en dos grandes grupos, el que tiene un coche clásico de colección, para dar un garbeo por las concentraciones y llevarlo a la itv cuando toca o los que los usamos casi como un coche actual. Conozco a gente que tiene uno o varios coches clásicos para simplemente verlos, como si fueran un cuadro colgado en una pared. Me parece fantástico, cada uno disfruta del clásico como quiere.



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Sobre las 11:30, el calor empezaba a apretar. No temíamos el frio, granizo o lluvia, pero el calor sí. Nos despedimos de los chicos, que desde aquí quiero agradecer de corazón el buen trato que nos dieron. Cuanta gente buena te encuentras en el camino. Nosotros les regalamos unas pegatinas de mi negocio 600 Tour Madrid y unas camisetas del Jarama. La verdad, es que quedamos un poco cutres, para la siguiente estaremos más preparados. Aún así el esfuerzo de la etapa anterior, se lo dedicamos a ellos.
A mi los Seat clásicos me gustan, claro que sí. Pero soy un Alfista confeso. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, fuimos al Museo Histórico de Alfa Romeo, estábamos a media hora. Yo ya lo había visitado, José no, a mí cuando subo esas escaleras en las que suenan motores. Sí motores, no escapes como ahora. Me emociono. Soy un sentimental. Al llegar a Arese, entramos en el parking del museo y había allí una pequeña concentración de Alfa Romeo. De hecho, uno que llevaba un 75 Le Mans, creo recordar, estuvo también en la concentración de Nerviano. Si hay algo que nos iguala a los italianos es la pasión. La pasión por las cuatro ruedas. Les contamos un poco la gesta, alucinaron. Había un Subaru tipo Rallye que creo que le fallaba un cilindro, a ralentí sonaba fatal y no hacía más que petardear. En el museo había una exposición de aviones con motores Alfa Romeo y barcos, en especial el caballito de mar, que era una pasada.



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A ver, tampoco es un secreto que me guste Italia, sobre todo por ese continuo quebrantamiento de la Ley. No me malinterpretéis, creo en la libertad y no el libertinaje, pero tenemos tantas normas, leyes y prohibiciones en España, que adelantar por una línea continua con buena visibilidad sin que te insulten o piten mola. Porque allí, nadie te dirá que es lo correcto o lo incorrecto, nadie se erige como paladín de lo moral, de lo justo o injusto, nadie se pita, no hay peleas entre conductores, ni entre ciclistas, simplemente conviven. Eso sí, en Italia que yo viera, casi nadie va con el móvil mientras conduce. En España ya sabeis que muchos de los accidentes, son por ir mirando la pantallita del móvil, yo mismo sufrí un accidente por un despiste de un chaval mirando whatsapp. Que no se escandalicen los de seguridad vial, seguro que no lo hacen, porque lo que les sorprenderá no será la falta de seguridad, sino la oportunidad perdida de no recaudar, las cosas como son. Aprovecho para comentar que hace 3 años había diferencia, pero ahora mismo la gasolina está al mismo precio prácticamente en España que en Francia e Italia. ¿Impuestos para pagar autopistas?
Tras el museo hicimos camino, empezaba el calor de verdad, pero lo anestesió nuestro paso por el Lago Como, un lugar muy bonito donde te cruzas constantemente con buenos coches y buenas motos, en el Lago Como paramos a comer. Pizza y pasta, nos apetecía mucho. Seguro que la cocina francesa es de las mejores del mundo, pero no logro entenderla del todo, así que teníamos bastante hambre. Comimos un poco retirados de los lugares más concurridos, viendo el Como, mientras comíamos. Sin duda, cuando viajas, alejarse de los lugares más turísticos o concurridos para comer funciona, donde lo hicimos la comida estaba riquísima y fue bastante económico. Además, estaba casi vacío, aunque cominos a las 15h.
Al Stelvio en Seat 127. Llegamos al Lago Como – YouTube
En esta etapa llegaríamos por primera vez a una hora prudente. Queríamos descansar y disfrutar un poco de los Alpes, además habíamos quedado con nuestro amigo Max, que tiene un Fiat 127 blanco con el que sube todos los días a lo alto del Paso del Stelvio donde tiene una tienda de souvenirs. Puedes ser un gran aventurero, tener mucha experiencia en viajes, haberte leído todas las guías del mundo, pero como tener a alguien local de cicerone no hay nada. Efectivamente no defraudó.

Llegamos a Bormio, llegamos con Max
Bormio es una comuna italiana, de los Alpes, de la región de Lombardía. Tiene menos de 5000 habitantes y su temporada alta es cuando hay nieve, allí se han celebrado campeonatos mundiales de esquí y la verdad es que es un pueblo muy idílico de los Alpes, casi pegado ya a Suiza.
Por aquella parte los hoteles tipo Quo Vadis no existen, con lo que terminamos de gastar el dinero de los patrocinadores en dos habitaciones que la verdad estaban muy bien, aunque para nuestra aventura, no eran necesarias. No había otras. A eso de las 19:30 Max se presentó en el hotel y fuimos a dar un paseo, cenar, me regaló una matricula antigua y dimos un paseo nocturno.
Creo recordar o entendimos así, de dar un rulo nocturno con los coches a eso de las 23:30. Pero estábamos muy cansados y mañana tras el Stelvio, emprenderíamos la vuelta. Este viaje ha sido fulgurante, rápido y aunque me hubiera gustado parar más tiempo en algunos sitios, se suplió viendo mucha variedad de paisajes, gente, gastronomía. Fue cansado, pero a día de hoy os digo con rotundidad que lo repetiría y que echo de menos algunos momentos.
Después de cenar algunas cosas típicas de Bormio, dimos un paseo y nos tomamos un helado. Fortificaciones militares, puentes, torres con historia, Max nos hizo de guía y nos trató estupendamente. Un chaval de 25 años, enamorado de los clásicos y la colección de matrículas. De hecho, le mandé a su casa dos matriculas antiguas, una de Madrid del 58 y una marroquí del 67
Una paliza sobre humana. Llegamos al Stelvio, y volvemos a Madrid sin parar…yendo por los Alpes franceses.
Nos levantábamos a desayunar pensando en la subida al Stelvio, fue un proceso de sublimación que no nos esperábamos. Pasamos más de 30 horas conduciendo, fuimos por lugares con sol, frio, nieve, nos granizó, llovió y nos llegamos a quemar también con el aire en parte del recorrido. No imaginaríamos qué largo sería el día. De repente todo se aglutinó y se concentró. Sin darnos cuenta de que todo estaba llegado a su fin, pero que ese fin era el principio de toda una aventura de verdad. Es un día que recordaré siempre.
Fue una sensación tan profunda que no soy capaz de explicártelo con palabras. Quizá entre otras cosas porque entre los devaneos mentales, entre esa búsqueda en la paja se encuentra el peso de que este diario es un diario del motor y te debería estar hablando de subidas, revoluciones por minuto, ruedas chillando, potencia…Todo eso pasó. Pero si notas que me desvío del tema, tengamos nuestro tótem en mente “todo lo que lees, lo ha producido y se ha producido dentro de un coche”.
Arrancamos los motores para empezar la subida hacía el Stelvio en un día precioso. Empezamos pronto, a las 7:30, que es cuando más se disfruta el subir al Stelvio: no hay tantos ciclistas, ni motos ni coches. Nuestro amigo Max, nos organizó la subida en 3 partes y nos contaba la historia de la antigua cantina, de la parte que separa Suiza de Italia, del cómo sirvió como paso en la Guerra. Me hizo mucha gracia ver la cantidad de marmotas que por allí salían a saludarnos.
¿Qué es el Paso del Stelvio?
Es una concatenación de curvas, con paisajes preciosos, puentes, túneles, mientras subes ves que te acercas al cielo, empiezas lento y expectante, pero te anima que es un paso muy frecuentado por aficionados al mundo del motor y también al del ciclismo, de hecho, el Giro de Italia pasa por ahí y la cima tiene nombre de ciclista, tiene unos 23 km. Además de un paraje idílico para los cabezas gasolina, tiene una historia detrás, que siempre es un añadido. Batallas interminables entre la nieve, pasos en la primera Guerra Mundial, imperios Austro-Húngaro en pleno apogeo imperialista.
Por un momento solo escuchas el sonido del motor, mientras el paisaje se queda en forma de postales dentro de tu cabeza. Quizá lo único que despista de estas dos cosas, es que mientras subes, lo haces entre Lotus, Porsche, BMW y ciclistas cambiando sus campagnolo.
Al llegar a la cima, parece que estás en otro mundo. Se nota que sigues en Italia por esa forma tan flamante de aprovecharlo todo económicamente, en eso son únicos. Pegatinas, marmotas de peluche, bocadillos, camisetas, nadie escapa a esos puestos que ejercen una atracción tal que parecen pequeños agujeros negros. Nosotros obviamente nos llevamos los recuerdos del puesto de Max, que además tenía un pequeño podio muy gracioso donde nos hicimos una foto.
Nuestro plan era salir sobre las 9:30 dirección Madrid, pero que equivocábamos estábamos, andábamos tan abrumados por aquello, abrumados por la gesta, por el ambiente, creo que ninguno de los tres quería irse de allí, nos hubiéramos quedado otro día, pero entonces queridos lectores no sería una aventura, serían unas vacaciones. Nos tomamos un bocadillo de salchichas, ¡la salchicha más alta de Europa! exclamaban los simpáticos suizos. Y era cierto, gracioso y cierto. Nos sentó de maravilla, además creo que no aprovechamos debidamente el desayuno del hotel, cosa que Max si hizo de sobra.
A medida que se acercaba la media mañana, veíamos cada vez más movimiento. Menos mal que subimos pronto y pudimos disfrutar a nuestro aire de aquel maravilloso momento, pero llegaba la hora, eran las 11:30 y decidimos hacer camino hacia España. Nos abrazamos a Max, miramos alrededor una vez más y mientras nos íbamos supimos que aquel momento se quedaría para siempre en nuestra memoria.
Tu a Madrid yo a los Alpes.
José y su hija, por motivos laborales, tenían que tirar directos a Madrid lo más rápido posible. Yo, abrumado por la situación, decidí cumplir la promesa que había prometido, subir los dos puertos más altos pavimentados de los Alpes. Yo me dirigía al Col d l iseran, que no pudimos hacerlo a la ida.
Los primeros 50 km los hicimos juntos, después José tiró por autopista y yo seguí el plan. ¿Sabéis qué? Soy Acuario y dicen que tenemos una gran predicción, una gran intuición. En el fondo de mí, sabía que José me llamaría transcurridas unas horas para saber por donde íbamos, él se fue no muy convencido de no hacer también el Col d l iseran.
Por ese motivo fue una carrera para mí, sabía que me llamaría después de la hora de comer más o menos. Atravesé Milán con un calor que me hizo pensar en coger un hotel hasta que pasará el temporal, cuando lea esto José se reirá, porque saldrá a la luz el por qué en el momento de su llamada estábamos a tan solo media hora en uno del otro.
La primera parte de los Alpes, la subí fuerte, olía a neumático, el Seat 127 sudaba la gota gorda, le exigía. Hasta ese momento había conservado mecánica, pero durante unas horas se esforzó adelantando a coches que quedaban perplejos ¿es un clásico de competición?, no señor francés, es de serie, pero recordando una frase de Senna «Con el poder de tu mente, tu determinación, tu instinto y la experiencia, puedes volar muy alto»
Recordé aquellos buenos momentos que he tenido conduciendo motos y coches. Fíjate, un coche humilde de cuarenta y pocos caballos subiendo los Alpes, me lo pasé tan bien, que aquella hora de conducción al límite la recordaré por mucho tiempo. Seguro que entenderás esto, es esa sensación en la que eres parte del vehículo, no piensas en nada más, no ves nada más, eres una parte mecánica más del coche, sientes sus crujidos, te penetra el sonido hasta el hondo de tu ser, eres parte del coche tanto que no existe nada más a tu alrededor, dejas de ser un ser humano para convertirte en un elemento mecánico.

En ese momento, el coche hace genuflexiones a tus deseos, hace lo que tú quieres que haga, no hace extraños, no sientes peligro, solo control. Esa sensación de control absoluto sobre la máquina, es la quinta esencia de la conducción, es una droga que sabes que tendrás que volver a probar. Sin embargo, en un pequeño cuarto iluminado dentro de ti sabes perfectamente, que ese nirvana de conducción tenía su peligro. Son esos momentos en los que cuando se va el coche, no puedes hacer ya nada porque ha llegado absolutamente a su límite.
Hacía tiempo que no tenía ese chute de control, en coches, cuando probé un Porsche Boxter Black en un Mickey Mouse, haciendo mejor registro de todos los que se hicieron ese día. En motos, una de mis últimas carreras con la Husqvarna en el campeonato de Madrid de tramos cronometrados, hace ya bastante, pero me acuerdo de la sensación como si fuera ayer.
Me he ido por los cerros de Úbeda, lo sé, pero recuerda nuestro tótem. Total, que esa media hora/ 45 minutos se evaporaron y cogí a José y Sandra en los Alpes, tras llamarme y decirme (para mi alegría) que cambiaban el camino y se vendrían conmigo al pico más alto pavimentado de los Alpes, los encontré tumbados en un merendero. Paré a su lado, abrí el capó y ajusté el carburador un poco. Vamos José, estoy encendido.
Para convencer y coger a José no pare a comer (ellos sí). Hacía mucho calor por Milán y llevaba agua fría para mojarme la cara. Es por eso que solo me sacaban media hora yendo por autopistas. Logré el objetivo que intuía y logré que el Renault 5 se viniera de nuevo. No defraudará. Aunque por compañerismo, eso propició que desde aquella subida al Stelvio a las 7:30, nos tirásemos conduciendo por la noche y hasta llegar al día siguiente a las 20:30 a Madrid. Porque una vez subido al Col d l Iseran, que fue maravilloso, no pararemos hasta llegar a casa. Os puedo avanzar que mereció la pena, que fuimos por la mejor carretera del mundo para mí y hasta el momento. Prometo intentar mejorarla. Tienes algunas fotos en el Instagram de Aventuras en clásico.
Subida al Col de l’Iseran
Antes de subir, echamos gasolina en un bonito pueblecito de los Alpes, la única gasolinera en cientos de kilómetros y además, una vez llegados a la cumbre, se nos haría de noche, con lo que llenamos los tanques y salimos de aquel feliz paraje para adentrarnos en uno de los puertos de montaña más bonitos del mundo. En altitud, por poco, supera al Paso del Stelvio, lo que le convierte en el paso de los Alpes más alto. A medida que subía con el SEAT 127, con Jose detrás que como saberéis al final se vino a esta última parte, parecía que ibamos acercandonos a un Olimpo enfurecido. A medida que la altitud crecía, el paraje era tan bonito que te faltaban ojos para observar mientras prestabas atención a la carretera, una carretera cada vez más estrecha. Los dioses de la cultura clásica, se reunieron para brindarnos esa escalera hacia el paraíso de la conducción, curvas cerradas, restos de nieve, en menos de 30 kilómetros, nos hizo sol, llovió y hasta granizó, parecía una etapa del mundial de rallye.

Este puerto, como muchos otros, solo se puede subir en verano. En invierno lo cierran por su peligrosidad. El Parque Nacional de Vanoisse es una pasada y os recomiendo que lo conduzcáis, en moto, coche, a ser posible coche clásico. Se construyó como paso para que los ganaderos pudieran llevar sus quesos a mercados cercanos, en 1937 se hizo la carretera por la que fuimos. El Col de l’Iseran, también ha sido etapa del Tour de Francia, lo cierto es que ha sido una prueba intermitente, sobre todo porque debido a las nevadas lo hace intransitable, tuvimos la suerte de poder hacerlo, pero ya en verano tenía pinta de que ese puerto en invierno te podría no llevar al Olimpo sino a los infiernos.

En plena ascensión José, Sandra y yo nos dejamos de hablar, no porque estuviésemos enfadados, creo que fue por lo impresionante del paisaje, tan inhóspito, tan hostil. Volvería a ir sin duda, además creo que tuvimos suerte porque esas gotas y granizo propició que el paisaje fuera aun más bonito. En la cima había solo una persona con una furgoneta camperizada, nos hicimos una foto con el mítico cartel, hacía frio y aquello parecía un paisaje de otro mundo.
Sin duda, había merecido la pena todo, reflexionamos que fue perfecto hacer el Col d l’Iseran al final. Si hubiera sido al principio no habíamos disfrutado tanto del Stelvio. ¿Qué paso recomendaría, el Paso del Stelvio o el Col d l’Iseran? Los dos. Parecen iguales pero son muy diferentes. El asfalto, el paisaje, en verano en Stelvio está más concurrido, ves civilización, motos, coches, hay más espectáculo humano. Me gusta del Stelvio que en su cima, en lo más alto del paso, se crea como una especie de reunión para los amantes del ciclismo y el mundo del motor. Además te puedes llevar un recuerdo, desde marmotas de peluche hasta pegatinas, camisetas, puedes comer o beber algo, sin duda fantástico. El paso francés, es distinto. Vimos un par de ciclistas, nada más.
Es naturaleza bruta, es algo más desafiante, en la cima solo te aclaman las montañas y el silencio. Quizá eches de menos la algarabía de la cima del Stelvio, quizá no, pero no te sabría recomendar uno porque son distintos. Representan un poco además, el espiritu suizo/italiano y francés. En el Stelvio, se respiraba cierto aroma a lujo, en la subida francesa a aventura y decathlon.
La aventura no termina, casi acaba de empezar
Una vez coronada la cima del Col d l’Iseran, José y yo nos miramos y nos dijimos, sin decirlo, ahora llega lo duro. Estábamos por la tarde, serían las 19 o 20 h, en mitad de los Alpes y teníamos que llegar a Madrid al día siguiente. Nos pusimos al volante del SEAT 127 y el Renault 5 y la verdad, es que la bajada al puerto la hicimos realmente fuerte. La misión, casi desesperada, es que no se nos hiciera de noche totalmente y aún estuviésemos en los Alpes. Hacer una curva cerrada de día, no es lo mismo que hacerla de noche. Además recordad que conducíamos desde las 7 a.m., cuando subimos al Stelvio.
Hubo algunos cortes de carretera en el que tuvimos que sacar el mapa, el mapa literal porque el navegador te llevaba por esas carreteras cortadas. En el ritmo frenético para llegar a España lo antes posible, nos prometimos que si alguno tenía sueño pararíamos. Si te toca conducir mucho, no cenes, bebe agua, pero no ingieras alimentos. Además el sueño empieza a venirte poco a poco hasta que literalmente, te quedas dormido mientras conduces. Nunca dejes que eso pase, toma un café o descansa en un área de descanso. Lo más peligroso en la carretera es quedarse dormido y te aseguro, que si estás cansado y llevas kilómetros detrás lo harás si no paras a descansar.

Condujimos toda la noche, paramos una hora a descansar y echar una cabezada rápida. Lo cierto es que dentro de un Seat 127, no hay muchas comodidades. Conducir por la noche me gusta, pero me gusta si vas descansado. Cuando vas algo agotado, deseas que se haga de día.
Se hizo la luz, llegamos a España
Pasamos la frontera y estábamos en España justo cuando amaneció, paramos a tomar café y echar gasolina y creíamos que tras una noche dura, estaba ya chupado. Cuando haces muchos kilómetros, kilómetros duros como hago en Aventuras en Clásico, las distancias cambian. 500 o 600 km ya no son tantos, tened en cuenta que habríamos hecho más de 900. Pero, para guinda del pastel no fue fácil. Al llegar a España, entramos por Cataluña y justo en Cataluña y Aragón había una ola de calor. Aprovechamos todo lo que pudimos, ya que a partir de las 13 horas, el aire era fuego y los coches pasaban por un pelín la temperatura recomendada por el fabricante.
Mientras me asaba de calor, pensaba en una cosa graciosa. Esos nombres tan bonitos y sofisticados de los puertos de los Alpes y los Pirineos, y que justo donde más sufrimos tanto mental como mecánicamente era en La Perdiz, La Muela, Fraga, El Cavero.. Llegamos a Madrid a las 20 horas, exhaustos. Terminamos la aventura al Stelvio, cansados, sucios y llenos de mugre. Pero con la sensación, de que esos cinco días nos habían cambiado un poco. Fue una aventura real de esas que te hacen sentir más vivo.
Preparando ya la próxima aventura
