Hoy, os quiero contar mi historia. Todos tenéis la vuestra. Hoy conoceréis la mia. Nací el siete de febrero de 1985. De pequeño tuve alguna moto a baterías, una BH california y jugaba a las chapas. Me alegra ser de esa generación que ha vivido el proceso de todo el cambio del mundo analógico al digital. Un servidor, puede decir, que ha jugado a las chapas, a la peonza o con un balón, me he sentido el rey del parque. Conmigo, empezaba el partido y se acababa cuando me marchaba.
La primera consola que tuve, fue la Sega Megadrive. He vivido como entraba internet en todos los hogares, con ordenadores gigantes y con esa sensacion, ¿os acodais?, de escalofrío cada vez que te conectabas a internet, con ese sonido caracteristico mientras te conectabas a la linea telefónica antes de navegar por el infinito.

De esa etapa, en la que aún no era el aficionado que soy hoy al motor, me acuerdo perfectamente, de la primera vuelta que me dió mi padre en una moto de cross, una Cagiva blanca 250. Me acuerdo perfectamente, sobre todo de algunos destellos preciosos, de mis primeras visitas al Jarama cuando era un mocoso. La afición, el madrugar para ir al circuito, el sonido de los motores cuando pasabas por el tunel subterraneo. Desde pequeño he visto las carreras, sobre todo, de motos. Me acuerdo de Biaggi, de Fogarty, de Luis Dantín, de Sito Pons, de Luca Caladora, de un motón de motos y pilotos. También veía las carreras en la tele, en Televisión Española. En España, hace no mucho, veiamos el mundial de motos en abierto. Los domingos de carrera en mi casa, había un ambiente casi litúrgico. Incluso me acuerdo alguna vez, que mi padre se marchaba a ver las carreras a casa de un amigo, porque mi hermana y yo dábamos la murga.
Recuerdo mucho cuando mi padre se iba de aventura con un amigo en una Gilera Cobra. ¡Corría como una 750 y rompía como una 125! decía. Que envidia, no solo cuando se marchaban, sino cuando volvían llenos de barro y contando batallas, que por otro lado se repetirian como chascarrillos hasta la saciedad.

Por supuesto, todos mis trabajos del colegio, eran sobre motos y coches. Hice un Ferrari de Formula 1 en tecnología, hablé de la historia de Derbi en una ponencia en Lengua y Literatura. Tenía un estuche azul con el logo de TM.
Empecé a montar con mi padre en moto con una Yamaha DT. Era de 80, pero la trucamos a 110 y la pusimos un Yasuni. Vaya cambio. Pronto adquirimos algo más serio. Fuimos a por una Husqvarna de enduro, después de dormarla, empece a correr enduro en todas las carreras que se podía de campeonatos regionales y el nacional. Luego pase´a KTM. Me tiraba horas preparando la moto, salia con ella siempre que podia, sobretodo si caian 4 gotas. ¡ semiseco !. Podría decir, que hasta los veintitantos, me intereban más las motos que los coches. Compraba muchas más revistas de motos, que de coches. Veía más carreras del mundial de moto, con las 500 dos tiempos en la era Doohan, que de cohes. Aunque me encantaba ir a las exhibiciones, que de vez en cuando hacía Carlos Saniz. También me encantaba ver el Dakar. Cuando Peterhansel dominaba con su Yamaha. En la época de las Cagiva. O cuando el endurero Sala, probó fortuna en las dunas. ¡Incluso tengo una foto con Carlos Mas!, era muy pequeño y creo que fue en un Expoocio.

Comenzando la universidad, en segundo o tercero de carrera dejé de correr en moto, mi padre vendió las KTM y yo, estuve uno o dos años en los que no quise saber nada del mundo del motor. Después de haberlo vivido y sentido tan intensamente, me dolía y me sentía defraudado cada vez que veía una competición. una moto o coche que me gustaba. Miraba para otra parte. Durante ese tiempo, tocaba la guitarra en un grupo. Para desquitarme de la adicción al mundo del motor, que durante dos años aparté casi por completo, me dediqué a hacer el pringado con el coche. A gstar las ruedas en 12.000 km (real) y jugarme mi vida y la de los demás. Vaya gilipollas estaba hecho. Durante dos años , no tenia más rumbo que intentar consumar deseos carnales. Mi amiga la francesa, la latina, aquella chica llamada Dulce…
Fué el universo Mini, el que me metió en el mundo del motor de nuevo y en los clásicos. Vendí un Cooper moderno, para comprar uno clásico. Bueno, era un 40 aniversario. No sabría deciros por qué lo hice. Fué como un impulso, un designio divino. La última versión del Mini real. Es un coche que usaba para todo. Para todo, todo. También en aquella época, tenía una Triumph Speed Triple con su escape arrow, que bien suena el tricilindrico, una Jawa 350, una preciosa Lambretta sx 200 y alguna cosilla más. El Mini, sin duda, fué el coche que cambió mi rumbo para siempre.

La estocada final, fue cuando compré un Seat 600, me lo trajaje de noche desde Ponferrada hace ya unos 12 o 13 años, para hacer publicidad de un negocio que no funcionó bien. La foto que veis, es de aquel momento. La luna era mi faro, en aquella noche especialmente oscura, A mí, el 600 nunca antes me habia gustado. Me parecía un coche de paleto, pero intuia, que podría ser vistoso, original y atractivo. Sin duda superó mis expectativas, y he aprendido a amar el mítico y pequeño modelo. Aunque sabiendo, que Lou Reed, no se hubiera comprado uno.

En un viaje a Florencia, vi que hacian toura en Fiat 500 y se me encendió la bombilla. Por aquel entonces,hace 10 años, no habia nada similar en España. Funde 600 Tour Madrid, la excusa perdecta para vivir de lo que he amado siempre, desde que veia a mi padre salir con aquella Cagiva blanca, hasta hoy. A partir de 600 tour Madrid, el mundo del clásico es mi trabajo. Solo me dedico a ello. Incluso se podría decir, que soy de los pocos que vive de ello. A partir del primer Seat 600, habré tenido 50 o 60 coches clásicos distintos. Algunos los tengo, otros los he vendido.
¿Cómo fue tu historia?
Vivan los clásicos.
