Harley, Jack Daniels y mi Fiat Seicento.

Paseaba por una calle de Sotilo de la Adrada. Había aparcado mi Fiat Seicento comercial con cristales rotos en el maletero y un portabicicletas. Le acababa de cambiar el portón trasero con el cristal incluido por un pequeño accidente. Volvía de ver si estaba abierta una tienda de antigüedades donde venden libros, dos a un euro. Cultura física a precio de un café, eso es algo irresistible. Estaba cerrada, ahí abren cuando quieren y nadie se queja en google diciendo algo así como » ponía que estaba abierto pero cuando fui estaba cerrado». Las personas a veces…tienen los dedos muy pérfidos. Me dirigí después a un supermercado, porque mi padre venía a visititarme el domingo y no tenía suficientes bebidas espirituosas, o sí, pero no dignas de tal compañía.

Antes de entrar, mientras veía como unos chicos se divertían con un balón de reglamento deshilachado y una botella, vi pasar un tipo con una Harley Davidson por la calle principal. Llevaba música, se escuchaba el mítico Bad to the Bone de George Thorogood. La música te sonará por la pelicula Terminator, en esa mítica escena en la que sale derrapando con una Fat Boy. A mí siempre me ha dado cierta vergüenza la redundancia de las cosas. Me hubiera hecho más gracia, que aquel motero llevara a Rosalía sonando a todo volumen. Simplemente por el hecho de romper estereotipos.

Llamadme tonto, pero no me gusta ponerme ni camisetas de coches clásicos como una muestra de !eh, miradme, me gustan los coches clásicos!. Vivimos en el mundo en que queremos comunicar mas con lo que proyectamos que con lo que realmente somos y sentimos. Pero también siempre he disfrutado de que las personas disfruten como buenamente quieran. Si aquel tipo era felíz, yo pues también. Y el tipo de la moto estaba feliz.

Compré vino, una botella de Jack Danields casi en sintonía y en honor a aquel motero, unas Pepsi y unas tónicas. Lo metí en mi Seicento Van y pensé. ¿Por qué me gusta tanto este coche?

Mi Fiat Seicento Van, es el único coche que está a mi nombre de todos. Me lo regaló mi padre, lleva conmigo ya mucho tiempo. Mi padre tiene un negocio de climatización, es ingeniero. Mi hermana se dedica a lo mismo, es arquitecta. Mis abuelos se dedicaban a lo mismo, mis tíos. ¿Sabes qué? te voy a confesar una cosa. A veces, sentimos la presión del éxito, de llegar lo más lejos posible, a veces la presión puede ser asfixiante. Sobre todo, porque en este país no tenemos derecho al descalabro de ningún tipo ni nivel. A veces pienso que, viniendo de donde yo vengo, sin ayuda y sin referencias, bastante hemos hecho ya. Estar satisfecho con uno mismo, creo que es una parte importante de la felicidad en el tiempo que estemos aquí.

El Fiat Seicento Van, me gusta como coche, porque consume poco, su habitáculo esta bien, está lleno de huecos para poner cosas, tiene lo indispensable, instrumentación suficiente, tiene maletero capaz de cargar motores, piezas y lo que quieras. Lo he llegado a maltratar, a olvidar, a que estuviera 7 meses aparcado en un mismo sitio. Recuerdo cuando Isidoro, de la farmacia que tengo enfrente de mi nave me decía » Óscar, tienes que mover el Fiat de sitio, te lo van a robar o se lo va a llevar la policía». Eso sucedió porque no encontraba la documentación del coche. En ocasiones lo que peor tratamos, es lo que más y mejores satisfacciones nos da. Y así es el Seicento, metes la llave y a la media vuelta arranca siempre sin rechistar. Creo que el Fiat Seicento es una buena reinterpretación del Seat 600, que como ya sabeis fue el coche con el que monte mi negocio de tours turísticos por Madrid. Le uso para todo, pero me da mucha satisfacción esa despreocupación por el, sabiendo que sobre todo es un coche resistente a golpes cuando lo dejas aparcado. Es pequeño, pero para ciudad es un gran coche. Para salir al extrarradio también sirve. Incluso para pasar unos días en un pueblecito de Ávila como estaba haciendo al principio de la historia. He llegado a ir a una carrera de ciclismo con el.

Más allá de sus cualidades dinámicas, lo que me gusta del Seicento, es lo que representa. Un coche sufrido, ignorado, pero con guiños al mundo del clásico. Seguramente injustamente valorado, porque me parece una reinterprecación de la leche. Me gusta porque, quizá puedas llamar la atención por cutre. Nadie diría cuando bajo de él, que vivo en el centro de Madrid y tengo una nutrida flota de coches clásicos. En muchas ocasiones, el vehículo ha perdido la esencia de ser un mero transporte y se ha convertido en un alter ego de su propietario. Una extensión de lo que es o lo que quiere aparentar/representar ser. Como el motero de la Harley. Cuando pasó pensé ¿realmente fue casualidad ir con esa canción, en ese momento, mientras pasaba por un pueblo con gente en una Harley?

Cuando voy en mis clásicos con clientes, es común que digan y se sorprendan de cómo nos mira la gente. Y tu tan tranquilo Óscar, ¡como si nada!. Nunca me ha gustado dar el cante, aunque cuando bajan doce o doce más un coche clásico por la Cava de San Miguel, sea un espectáculo para los turistas que pululan por allí, buscando qué paella congelada, es la mejor de la zona. Mi Fiat Seicento representa la sencillez y austeridad hecha coche. Es garante del refrán «pelillos a la mar». ¿Con quién vas a discutir o picarte? ¿Quién puede tener envidia de tí? Te sientas en él y te reconcilias con el mundo. No tiene aire acondicionado ¿Quién lo necesita?. En ocasiones, he pensado en cambiarlo por otro coche más representativo. Pero luego pienso, que el Seicento no pide pan.

Al ser la versión comercial, pasa la ITV cada seis meses. Esto es un poco coñazo. Hace algunos años le decoré como las antiguas Seat Terra de asistencia. De hecho, es el coche de asistencia.¿ Qué es lo que llevo en él en los tours grandes? Sobre todo herramientas, flectores de palier, manguitos, arrancadores y correas. Recuerdo cuando compré un motor y se vertió el aceite del cárter. Estuve oliendo a aceite añejo años. Le uso bastante para cosas que manchan.

El motor es un 1.100. Creo que es derivado del mítico Fire. Y me hace gracia, porque para mí, es un coche humilde y sin valor, más allá del que le pueda dar yo por cariño sentimental y un servicio intachable. Pero da la casualidad, que el hijo de mi amigo Salva, es un aficionado al modelo. Recuerdo que flipé por como alucinaba Hugo que tendrá…14 años aproximadamente, cuando les dejé el Fiat Seicento. De hecho, el extravío de papeles lo solucioné precisamente porque Salva me lo pidió para dar una vuelta. Desconocía que también tiene su público y sus fans. Lo que es la vida, a veces no sentimos que seamos seres afortunados, pero siempre habrá alguien que anhele algo que tienes o atesoras. El Seiceneto me gusta, pero ahora desde que le puse una radio- CD, me gusta mucho más.

Aquel día cargado de bebida, encendí el coche y sonando el Fisherman Blues de los Waterboys me marché a casa. Iba con la ventanilla bajada, se escucharía un poco, como en aquella Harley del principio. Pero, ¿ a qué no es redundante ni esperable ? Por eso el Seicento y yo, nos queremos tanto. Hasta que el desguace o el cajón de pino nos separe. ¿Creeis que merece una prueba en el canal de Youtube?

Vivan los Seicento!

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